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En el Paleolítico, conocido como tal el período en que el hombre fabricaba sus herramientas de piedra tallada, Sayago sufrió los gélidos fríos de las cuatro glaciaciones, especialmente la última, la Wurm hace más de 20.000 años. Esto produjo la huida masiva de la caza hacia el Sur y, en su consecuencia, la de sus moradores ya que de ella dependían.
No obstante, y a pesar de la climatología adversa, las terrazas del Tormes orientadas al mediodía, más concretamente las de Roelos, y algunos abrigos o cuevas naturales en este río, así como en el Duero-frontera con un microclima más agradable, favorecieron la permanencia de pequeños núcleos poblacionales. Son conocidos, en ese aspecto, refugios como la cueva de Valcuevo de Torregamones, la Fisga El Diablo en Fariza, El Buraco el Diablo en Fermoselle, la Casa del Grelo en Mámoles, los Hociles de Pereruela, la Cueva de los Moros en Almeida, etc. Ambas denominaciones “Diablo” han sido debidas, sin duda, a los momentos de cristianización ya que en esos refugios se daba culto a las profundidades.
Las herramientas de esta etapa eran de piedra tallada, mediante la percusión en cantos de cuarcita, tanto las hachas como cuchillos, punzones, lascas y raederas para cortar la carne y trabajar la piel.
Si anteriormente se destacó a Roleos, es porque en su término han aparecido con más asiduidad hachas unifaciales y bifaces achelenses de forma almendrada, muy conseguidas estas últimas.
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